CORPUS EVITA

OPERA IN TWO ACTS

2005 GRAMMY AWARD NOMINEE FOR BEST CONTEMPORARY CLASSICAL SCORE

 

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CORPUS EVITA

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Corpus Evita


Libreto

PRIMER ACTO
Buenos Aires, 1952. Evita, gravemente enferma, Evita se dirije al pueblo por última vez, desde el balcón de la Casa Rosada.

PRIMERA ESCENA - PRÓLOGO
Los descamisados (los "sin camisa", las masas, a quienes Eva también solía llamar grasitas) responden enardecidos a su discurso.

CORO
Evita, Evita, Evita!

EVA
Mis queridos grasitas, mi querida gente;
Les hablo de corazón.
Ustedes son mi orgullo y me dan fuerza.
Hoy presiento en el alma que me queda poco.
Pero qué importa!
Soy una luchadora más en la causa de Perón.
Como ustedes, lo quiero con todas mis fuerzas.
Sólo él le da significado a nuestra lucha.
Y es por eso que le digo:
¨Mi general, tu causa será siempre nuestra causa!¨
Y les pido, mis grasitas,
que sigan luchando:
nuestros ideales no morirán jamás.
Nunca, nunca nos derrrotarán.

CORO
Perón y Evita
nos marcan el camino.
El pueblo unido
jamás será vencido!

EVA
Yo los acompañaré siempre
en la lucha,
para esclarecer con el mensaje de Perón,
tanto a ricos como pobres,
para gritar a los cuatro vientos
su llamado a las armas a los oprimidos del mundo.
Cuando ya no esté,
nuestra gloriosa causa vivirá en sus corazones
Volveré, y seré millones.
A Perón quiéranlo y hónrenlo,
como lo hice yo.
Que Dios los bendiga.
Que Dios bendiga y proteja
A nuestra querida... Argentina.
Viva Perón!
Su última frase apenas más que un suspiro, Eva se desvanece en los brazos de Perón, exhausta.

CORO
Perón, Evita, la patria peronista.
Perón, Evita, la patria peronista.
Evita, Evita, Evita!

SEGUNDA ESCENA

Buenos Aires, 1974. Palacio del Congreso. Un féretro con tapa de vidrio con los restos embalsamados de Eva Perón. La cámara de sesiones ha sido preparada para recibir a las multitudes enlutadas por el retorno del cadáver después de 20 años en Milán. Los generales que derrocaron a Perón en 1955 habían sacado del país el cadaver, de contrabando, para evitar que la tumba de Eva se convirtiera en un foco de oposición al gobierno militar. En la pared cuelga un retrato de Isabel, que se ha convertido en presidente tras la muerte de Perón, flanqueado de los retratos de Eva y Juan. Corpus Evita está parada al lado del ataúd, mirando a la audiencia. El Doctor, que la embalsamó en 1952, está aprontando el cadáver. Interrumpiendo su tarea, enciende una de las velas al pie del ataúd. A pesar de su agnosticismo, se arrodilla frente a la vela, como para rezar.

DOCTOR
Dios sabe que yo no creo.
Pero quién si no expiará
los pecados de Isabel?
Perturbar la paz de los muertos...
traerla de vuelta, Señora, después de veinte años!
Apropiarse su imagen..:!
A quién se le hubiera occurrido
que llegarían a esto?
Es una jugada desesperada!
Pero no les servirá de nada.
Las masas necesitan un líder con entusiasmo.
Lo que el pueblo necesita
Isabel no lo puede proveer.

CORPUS EVITA
Qué sabrás tu lo que necesitan las masas?
Tu y tus amigos de clase media
nunca se fijaron.
Esta gente necesita esperanzas.
Siempre les di esperanzas.

DOCTOR
Quizás. Pero usted está muerta.
Ahora es Isabel la que les habla,
e invoca su imagen.
Y van a venir
en un torrente de miles,
para verla a usted descansar en paz
en esta caja de vidrio.
Los tontos la mirarán boquiabiertos
y querrán verla hermosa.
La prepararé para que les parezca
más viva que nunca.

CORPUS EVITA
No son tontos! ¿Cómo se atreve?
Están de luto!

DOCTOR
Dirigiéndose al público
¿De luto? Ah, sí. De luto!
Murió en 1952,
y todavía nos dan vértigo
su vida y su muerte!
Basta ya!...
¿Por qué estamos de luto de nuevo?
Dirigiéndose a Corpus
Perdone pero estoy apurado,
el Ministro...

CORPUS EVITA
Ha pasado tanto tiempo, Doctor,
veinte años,
y no ha aprendido nada.
Ahí está, su creación.
Cómo va a parecer viva si no tiene alma.
Se sigue achicando y evaporando
La pobre.
¿Y cuando no quede más nada,
qué le va a decir a Ministro?

DOCTOR
Las masas no lo van a saber nunca.
A ellos les va a parecer viva.

CORPUS EVITA
¿Cuándo se va a dar cuenta?
Fué el pueblo el que me mantuvo viva;
el pueblo, no su alquimia de pacotilla.
Los hice sentir importantes.
Nadie los hizo soñar como yo.
Los hice luchar
por lo que creyeron justo.
Les di ideales. Les di esperanzas…
Y me abrieron los corazones.
Fué mi destino. ¿Quién, sinó, lo hubiera hecho?
Nadie…
Soy el gran mito argentino,
y sigo viva en sus corazones!
Pero ustedes, la clase media,
trabajaron con los generales;
los ayudaron, les gustaban.
No tuvieron escrúpulos.
Ustedes se merecen a los generales,
y viceversa!

DOCTOR
Señora! Esos fueron tiempos difíciles.
Yo traté de protejerla.
Pero tuve que hacer
lo que me ordenaban los generales.
No sabían cómo esconder un cadáver,
y hacerlo desaparecer.

CORPUS EVITA
Pero han aprendido...ya va a ver.
Esos matones! No me dejaron en paz,
ni siquiera después de muerta.
Sabían que les iba a causar problemas.
Porque comprenden el poder del mito.

TERCERA ESCENA

El mismo lugar. Golpean fuerte, interrumpiendo el ensueño del Doctor, que mira sobresaltado hacia la puerta. Corpus sigue escondida en la penumbra.

MINISTRO
Soy yo. Abra!
El doctor quita el cerrojo. El Ministro entra apurado.
¿Está lista?

DOCTOR
Todavía falta. Deme tiempo.
Un día más, por favor.

MINISTRO
¿Pero usted está loco?
El pueblo la quiere ver ahora,
y ahora la verán.
Isabel, nuestra Presidente, cumple las promesas.
No podemos esperar más!....
Ah, mírela!
La van a adorar como a una santa.
Dirigiéndose al retrato de Isabel en la pared:
Fué buena idea. Se lo dije.
Ahora dirijiéndose al Doctor:
Lo del peinado también.
Mi Isabel tiene un aire a Eva; no?, no?

DOCTOR
Eva tampoco era rubia.

MINISTRO
Isabel les va a dar nuevo aliento.
Le van a responder,
como le respondían a Eva en los viejos tiempos.
Les dirá lo que quieran oír.
Les hablará de la verticalidad.
De eso me voy a cerciorar yo!
Va a hacer lo que yo le diga.
No va a desafiar mis poderes!
Tornándose hacia la puerta, con un gesto imperioso pero sin autoridad:
Abran las puertas! Deje entrar al pueblo!
Se dirije hacia las puertas y comienza a saludar a los enlutados a medida que entran en fila, en un siliencio reverente.

DOCTOR
Vivimos en una época extraña.

CORPUS EVITA
Verdaderamente desesperante.

DUO
DOCTOR
Teníamos tantas esperanzas con la democracia.
Pero cuando Perón volvió,
nuestros jóvenes fueron masacrados
en el aeropuerto.
Y ahora Isabel. Podrá nuestra Argentina
sobrevivir a Isabel?
CORPUS EVITA
Mis ideales les dieron coraje,
Les hicieron crecer las almas y cambiar.
Y lo sobrepasaron a Perón.
Lo sobrepasaron.
Y ya no lo pudieron querer del mismo modo.
Y Perón no los pudo perdonar.
DOCTOR
Dios nos guarde
De las ambiciones del Ministro.
CORPUS EVITA
Dios tiene otros planes.

 

CORO
Una mujer empieza
Evita santa, te queremos!
Corpus y el Doctor se dan vuelta y miran el ataúd, sorprendidos.
El coro íntegro:
Evita, santa nuestra.
Patrona de los pobres.
Ha vuelto a protegernos;
ha vuelto a guiarnos.
Evita es santa,
y vive en nuestros corazones.
Evita, santa nuestra.
Evita, Evita, Evita...

MINISTRO
Santa Evita. Sí, muy bien.
No se me había ocurrido.
Ese sera mi próximo paso.

Telón

INTERMEZZO ORQUESTAL

CUARTA ESCENA
Olivos, 1975. En la mansión presidencial, al norte de Buenos Aires. A la noche tarde. Sola en la enorme sala, Isabel está sentada frente al gran hogar, tiritando. Enciende incienso y hace ademanes como de un rito religioso. Se queda mirando el humo, desconsolada.

ISABEL
Estoy inescapablemente sola!
Sola entre extraños.
Enemigos conocidos, a lo sumo.
¿A qué volvimos, Juan?
Hasta España era un lugar más feliz.
Por qué me dejaste tan pronto, tan desprevenida.
La gente no me quiere, Juan!
No soy ninguna Evita. Lo sé muy bien.
Y me dijiste que no sería fácil.
Pero sin vos es imposible.
Qué error. Sabías que esto no era para mí.
Pero después de tantos años
Seguías sin poder confiar en nadie.
No lo voy a entender nunca.
Ya no estás
y todos son leales, pero nadie es mi amigo.
Todos quieren algo de mí,
y yo solo quiero que me dejen en paz.

MINISTRO
Paulatinamente revelando una cualidad diabólica. Trae en la mano una gran carpeta de cuero con el decreto presidencial.
¿Hermana Isabel, podemos hablar?

ISABEL
¿De qué, hermano José?

MINISTRO
Qué pálida está! Está tiritando.
Como un regaño
Usted no está bien!

ISABEL
Estoy bien, necesito nomás dormir un poco.
¿Qué lo inquieta?

MINISTRO
No! Veo que no se siente bien.
Primero la salud.
Los asuntos de estado tendrán que esperar.
Los resolveré solo.
Comienza a retirarse, lentamente

ISABEL
¿Qué asuntos de estado?
Hermano José, por favor quédese.
Infórmeme!

MINISTRO
El país la necesita más que nunca,
hermana Isabel.
En el norte, en Tucumán,
los insurgentes controlan las montañas.
Están atizando
la revolución comunista.
Ha llegado la hora de actuar!
Recién me reuní con los comandantes en jefe.
Las fuerzas armadas necesitan "permiso"
Para actual de parte suya,
para librar al país de la guerrilla.
He preparado un decreto presidencial
para su firma.

ISABEL
Lee y re-lee el decreto.
¿Pero, usted cree que esto es lo que hay que hacer?

MINISTRO
Es lo que aconsejan los generales, hermana Isabel.

ISABEL
¿Sí, pero a usted qué le parece?

MINISTRO
Fingiendo una sonrisa
Es por el bien de la patria.

ISABEL
Con inocencia
Se dice que la gente de Tucumán
apoya a los subversivos.
Que los esconden y les dan de comer.
Yo los conozco. Me reuní con ellos.
Eran entonces el futuro de nuestro moviento.
Son jóvenes e inteligentes,
chicos de clase media.
Se detiene y mira nuevamente el decreto
¿Cómo pudimos llegar a esto?

MINISTRO
Los subversivos les roban comida
a los campesinos.
Aterrorizan a la gente de Tucumán.

ISABEL
¿Y quién me asegura que el ejército
no va a aterrorizar a la gente?

MINISTRO
¿Va a dejar que el comunismo
arrase con el sueño de Evita?

ISABEL
No, no!... Pero desconfío de los generales.

MINISTRO
Acercándose mucho, y mirándola fijo
Pero en mí puede confiar, hermana Isabel.
¿Alguna vez la llevé por mal camino?

ISABEL
Confundida, tratando de evitar su mirada y muy incómoda
Esto no está bien! Perón me enseñó
que siempre pidiera alternativas.
Tratando de componerse y actuando más presidencial
¿Qué opciones tenemos?

MINISTRO
Evita le dió al pueblo
Un ideal sin "opciones", sin componendas.
¿Va a transar con los comunistas?

ISABEL
Pero esta es nuestra propia gente;
son los chicos que Perón expulsó
de la Plaza de Mayo!

MINISTRO
Son traidores, hermana Isabel!
Están en guerra contra nosotros,
contra el sueño de Evita
Para ellos no habrá perdón.
Tiene que aprobarlo!

ISABEL
¿Pero cómo quiere que apruebe
el asesinato de nuestros jóvenes?

MINISTRO
Veo, hermana Isabel,
que la llama del sueño de Evita
ya no arde en su corazón.

ISABEL
Ahora me trata de desleal?

MINISTRO
Yo quiero lo mejor para la patria.
Usted...titubea.
Se dirige hacia la puerta.

ISABEL
Mira el decreto, y lo sacude en el aire
No, esto está mal! Perón y Evita
No hubiesen accedido nunca!

MINISTRO
Que los espíritus la guíen, hermana Isabel,
en este difícil momento.

ISABEL
Evitando su mirada, frustrada
Claro que les he pedido que me guíen.
Pero guardan silencio...
Desde que trajimos de vuelta el cadáver.
Nadie los puede hacer hablar.

MINISTRO
Yo puedo, hermana Isabel. Y lo haré
si cree que eso le ayudaría
a decidirse.
Volviéndose hacia él, lo mira con incredulidad. El se acerca al hogar, para iniciar la seance.

Telón

SEGUNDO ACTO

QUINTA ESCENA
Perón y Evita aparecen, vestidos de gala, sonriendo simpáticamente. Al sonar la fanfarria, Perón se acerca a Eva y le ofrece el brazo. Caminan saludando a las masas imaginarias. De repente se abren las puertas a ambos lados del escenario, y los miembros de cuerpo diplomático de 1950 entran vestidos de gala y charlando animadamente. Las luces a pleno revelan un lujoso salón de recepción. Perón y Eva los miran y sonríen entretenidos.

PERÓN
Ves, Chinita, nada ha cambiado.

EVA
Bostezando
Quizás. Siguen siempre tan aburridos.

PERÓN
Chinita portate bien.
Estás tan linda esta noche!
¿Te lo he dicho?
Ello lo mira en silencio.
Sabés que los necesitamos.

EVA
¿Para qué? Las ideas son nuestras.
Somos los elegidos del pueblo.
Estamos a cargo.

PERÓN
Nos pueden servir de aliados.
Pueden llevar nuestro mensaje
De vuelta a sus países.
Chinita, el país no puede existir en el vacío.

EVA
Claro que puede! Miranos a nosotros.
Nosotros lo logramos.
Con un gesto majestuoso
Mientras gobernábamos, el tiempo se detuvo!
Bailan un vals

PERÓN y EVA
Aquellos eran los buenos tiempos
Cuando gobernábamos indisputables.
El oro se apilaba en el Banco Central,
como para no poder gobernar!
Contruímos casas para los fieles trabajadores;
repartimos champán y pan dulce.
Controlábamos todos los escaños en el Congreso,
hasta la Iglesia nos apoyaba.
Con los gremios de nuestro lado,
controlábamos las masas.
Compramos y nacionalizamos
y sometimos a todas las clases.
Nacionalizamos, nacionalizamos,
lo que nos pareció bien.

CORO
Nacionalizaron lo que se les occurrió.

EVA
El Papa me recibió.

PERÓN
Y Franco me elogió!

PERÓN y EVA
Y en las calles todo tranquilo.

CORO
Y en las calles todo tranquilo.

PERÓN y EVA
Encarcelamos algunos disidentes.
Ayudamos a algunos fascistas.
Se lo merecían!
Hicimos lo que nos pareció bien.

CORO
Gobernaron con mano de hierro.
Reinaron sobre la gente y las cosas.
Se salieron con las suya;
quizás se llevaron más de lo que aportaron.
Ahora entendemos la jugada.
Mientras bailan, Isabel se levanta, obnubilada. Se les acerca titubeante, pero no se dan cuenta. Finalmente se anima y los llama.

ISABEL
Juan! Soy yo, Chabela.
El vals se disipa. Los invitados la miran escandalizados, como si hubiera hecho algo muy fuera de lugar. Se oye un murmullo entre la gente.
Tengo dudas, Juan. Qué les tengo que decir a los generales?
Perón, pasando verguenza, mira a los huéspedes y les sonríe.

PERÓN
El poder es brutal, Chabela.
Para mantenerlo, tenés que estar dispuesta
A hacer lo que sea.
La mano que te han dado es perdedora!
Quién te va a mantener en el poder
si la gente no te quiere?

EVA
La prueba del líder es cuando hay problemas.
O te las sabés arreglar,
O no sobrevivís!

PERÓN
Chabela, mi hijita, nadie va a decir
que no lo intentaste.
Pero el afán y el conocimiento
son dos cosas distintas.

EVA
No te confíes de los generales, Isabel!
Nos traicionaron entonces,
y probablemente te traicionarán también.

PERÓN
La gente que te rodea me preocupa.
Lo mira fijo al Ministro
Te llenan la cabeza
de magia negra y macanas.
Cuidado Chabela, cuidado!

PERÓN y EVA
Estás sola en la cima,
así es la cosa.
Estás sola, estás a cargo;
el peligro acecha.
Si soltás a los generales
se les puede ir la mano.
Aún estando a cargo,
podés terminar como víctima.
Si la Argentina cae
En manos del terrorismo,
todos se van a acordar
que fué tu decisión.

CORO
Estás sola en la cima,
así es la cosa.
Estás sola, estás a cargo,
el peligro acecha.

PERÓN
Ay, Chabela!
Te toca a vos cometer estos errores.
Ya que estás, aprovechá para aprender algo.
No dejes que nadie....

MINISTRO
Cada vez más delirante
Ya han hablado!
Ya han hablado a través de mí.
Mañana, hermana Isabel, cuando esté bién,
va a anunciar la construcción
del Altar de la Patria,
un gran mausoleo para Perón y Evita:
el... un profeta, ella...una santa.
Allí descansarán,
Allí los haré hablar
y guiarán el movimiento
a través mío!...

CORPUS
Aparece entre los huéspedes en la recepción
Cómo se atreve a tomar la investidura de Perón!
Lo que importa es su legado.
Perón no necesita hablar a través tuyo.

MINISTRO
Dirigiéndose a la aterrorizada Isabel, abre la carpeta de cuero frente a ella y la mira fijo.
Perón y Evita están muertos.
Sólo yo les puedo dar voz.
Tras un breve titubeo, Isabel firma el decreto.
Se escucha un gemido entrecortado de los huéspedes.
Dirigiéndose a ellos:
Váyanse. La sesión se terminó!
Los fantasmas desaparecen con un grito sobrenatural.

Telón

SEXTA ESCENA
Durante el invierno de 1990. En el living del departamento de Isabel Perón en Buenos Aires. La habitación es grande y con aspecto mustio. En la pared cuelga un gran retrato oficial de Perón. La gran ventana entreabierta deja entrever un balcón con plantas. Isabel, vestida como una vieja, está sentada en un sillón, leyendo. Tiene puesto un mantón tejido. Lleva el cabello gris recojido en un rodete, tal como en los retratos oficiales. Usa anteojos de media luna. Afuera truena y relampaguea, y se escucha el golpeteo de la lluvia en la ventana. Desconcentrada, Isabel se dirije a la ventana.

ISABEL
Qué invierno interminable, qué lluvia flagelante...
Dieciseis años de lluvia!
Llovía, Juan,
el día que moriste. Ese día fatídico,
cuando me cambió la vida para siempre.
Los cielos se enlutecieron
y lloraron conmigo.
Y todavía no han parado...
Llovía, Juan,
cuando las masas hicieron cola en el Congreso,
para decirte su último adiós.
Y la tiniebla se me quedó en el corazón.

Nunca pensé que iba a extrañar a España.
Pero me doy cuenta que era una buena vida.
La casa grande,
el torrente interminable de visitas;
nuestro círculo de amigos.
España era una jaula de oro.
Pero, cómo la extraño. Cómo la extraño!
Incómoda
Ay, Dios, cómo hago para seguir?
No hay cariño para mí
en este mundo.
Sin amigos, nadie se preocupa por mí;
nadie me respeta.
Ni siquiera mis enemigos han sido constantes.
Todo el mundo me ha olvidado.
Interrumpe, como cayendo en cuentas.
La jubilación presidencial!
Les entregué mi vida a cambio
de la jubilación presidencial!
Eso es todo lo que me quedó...
Estoy sola!
Nadie me habla.
Y los espíritus, mis guías astrales
en esta inmensidad yerma,
también me han abandonado.
Ya no quedan sueños, ni voces,
Ni esperanza!

MINISTRO
Aparece en una de las puertas, viejo y encorvado, pero todavía con ganas de pelear. Canta mientras se le aproxima.
Está equivocada, hermana Isabel.
Todavía la acompaño.
Después de todo, soy parte de usted.

ISABEL
Sobrecogida, pero sin gran sorpresa, como si ver el espectro del Ministro fuera un acontecimiento bastante común.
Usted va a ser parte de mí?
Usted me engañó y me forzó
a tolerar el asesinato de sus enemigos;
y después me abandonó
en el peor momento posible.
Qué parte de mi podrá ser tan desgraciada!
Qué puede querer de mi ahora?

MINISTRO
Nada, hermana Isabel, nada...
Todos cometimos errores, y los pagamos.
Vengo a recordarle,
que nuestra causa fué justa.
Es lo que usted creía también, no?...
Yo le alumbré el camino
con la luz del poder divino.
La luz la fascinó, verdad?
Casi susurrando
le encantó...
Traté nomás de ayudarla.
Pero usted fue muy débil.

ISABEL
Débil yo? Yo no fuí débil,
Fuí demsiado buena!
No me lo pude tragar!
Toda esa violencia,
las muertes sin sentido.
Por qué le habré hecho caso!
Quizas tenga razón que fuí débil.
Tendría que haberlo parado!...
Pero fué débil.

MINISTRO
El poder le llegó, hermana Isabel,
como un regalo de los dioses.
Los demás, lo sé muy bien,
esperan en vano, eternamente.
Usted fué elegida,
y lo desperdició.
Perdió la oportunidad.
Ahora se atormenta,
pero los traidores merecieron morir.

ISABEL
Nadie mereció morir
por lo que usted pensaba de ellos.
Eso es todo lo que aprendí, tristemente,
de mi larga sociedad con usted.

MINISTRO
Teníamos el poder. Tendríamos que haber peleado.
Si usted hubiera sido más fuerte,
Todavía podríamos estar en el poder.
Mi error fué esperar demasiado de usted.
Isabel se da vuelta contrariada, se acerca a la ventana y hace como que mira hacia afuera.

PERÓN
Aparece envejecido y débil, pero conservando la dignidad, arrastra los pies al caminar con un bastón. Le habla al ministro con tono cálido y avuncular. Habla como si Isabel no estuviese en la habitación. Cuando ella oye su voz se da vuelta y lo mira fijo en silencio.
Ese fué mi error también.
La Naturaleza favorece al fuerte, sabe?
Es la evolución.
Cuando Eva se cruzó en mi paso
hice lo que el líder debe hacer:
imité a la naturaleza. Le hice usar sus talentos.
Ella fué mi regalo de la Providencia.
La transformé en un gran mito. Era tan talentosa!
Fantástica, fantástica!
Cuando Isabel se me acercó
no pude encontrarle el talento.
Traté de hacer de ella otra Eva.
Tonto de mí! Ella era débil.
La Naturaleza favorece al fuerte.
El líder débil no puede sobrevivir.

TRIO
ISABEL
Yo quise servir. No lo tomé en broma.
Pero me empujaron y me usaron.
Tuve acaso la oportunidad,
de salvar a estos hombres de su insensatez?
PERÓN
Traté de hacer de ella otra Eva.
Tonto de mí! Ella era débil.
La Naturaleza favorece al fuerte.
El líder bébil no puede sobrevivir.

MINISTRO
El poder le llegó como regalo de los dioses.
Teníamos el poder. Tendríamos que haber peleado.
Si ella hubiera sido más fuerte
Todavía estaríamos en el poder.

ISABEL
Bueno, no serví. A quién le importa?
Fueron tiempos durísimos.
Cómo pueden seguir obsesionados con el poder?
Se dirige al Ministro, con desprecio:
Usted murió preso, y
nadie siquiera vino al entierro.
El poder no le sentó bien.
Dirigiéndose a Perón:
Ay, Juan. Quise tanto que me respetaras...
Yo te adoraba.
Y no soportaste
la indignidad de que Eva te hiciera sombra;
aún después de veinte años de muerta.
Lo recuerdo bien, Juan.
Fué tan desmoralizante,
presenciar tu ocaso:
de patriarca viejo con el ego maltratado.
Hubo algo más en tu vida
que el ansia del poder?
Pero ahora ya pasó todo. Ustedes dos ya no están.
Y otra vez tengo que afrontarlo todo sola.
Mi único remordimiento son esas muertes...
Lo empezamos nosotros, Juan.
Yo los traje a los generales.
Veinte mil sueños,
veinte mil promesas rotas.
Cómo encontraré el sosiego?

PERÓN
Cariñosamente
Chabela.... No te hagas malasangre.
Para estas cosas no hay respuestas.
Hiciste lo que pudiste.
Fué culpa de los generales.
No se puede volver atrás el reloj.
Todos cometimos errores.

ISABEL
Mientra ella camina, el Coro de las Almast de los Desaparecidos entra y se sitúa en la penumbra.
No puedo conmigo misma. Tanta gente...
Cómo pude dejar que los generales...!
Pero ahora es demasiado tarde.
No puedo cambiar nada.
Y no encuentro sosiego.
Al borde de las lágrimas, como una niña:
Los llevo en el alma, Juan.
Están conmigo cada minuto que paso despierta.
Y a la noche pueblan mis sueños.

ALMAS DE LOS DESAPARECIDOS
Isabel...Isabel...Isabel!

ISABEL
Deseperada, corre y trastabilla, cubriéndose los oídos, trastocada
Ah, Ah, Aaaaaaah!
Señala espantada el ángulo oscuro del scenario, donde se sitúa el coro
No, no los voy a escuchar!
Juan, diles que se vayan.
No los voy a escuchar!
Paulatinamente se muestra obnubilada por las voces susurrantes, y escucha y mira con atención.

ALMAS DE LOS DESAPARECIDOS
Isabel, Isabel, I-sa-bel!
Cómo hallaremos la paz vagando en este laberinto interminable?
Quién nos rescatará de las tinieblas y el olvido?
Quién expiará los pecados de los generales?

ISABEL
Desesperada, rogando llorosa
No fue culpa mía.
No fué mi decisión. No sabía
lo que estaban haciendo!

ALMAS DE LOS DESAPARECIDOS
Isabel, Isabel, Isabel!
Quién aliviará la pena interminable
de nuestras familias?
Quién criará a nuestros hijos
y les marcará una senda?
Quién juzgará a los culpables
y sanará la herida abierta de la Argentina?

ISABEL
Convulsionada, llegando a gritar las últimas palabras
No, yo no fuí!
No estuve de acuerdo.
No sabía lo que iba a occurir!

MINSITRO
Quizas no quiso saber.
Pero accedió. Y lo sabía.
Isabel, conjure de su vida esos fantasmas!
Todavía puede elegir
estar orgullosa de lo que hicimos.

ALMAS DE LOS DESAPARECIDOS
Isabel, Isabel, Isabel!
Quién expiará tus pecados, y abrirá al
perdón los corazones del pueblo?

ISABEL
Dios, dame calma!
Almas atormentadas, ojalá pudiera
devolverles a la vida,
Y reparar las injusticias perpetradas.
Los llevo en el corazón,
cada día de mi vida.
Pero es demasiado tarde para pedir perdón,
por mi papel en esta gran injusticia.
Todo el mundo me ha olvidado.
Nadie escucha mi penitencia.
Esa será mi cruz, mientras viva.
Sale, seguida de Perón y el Ministro

Telón

SÉPTIMA ESCENA: EPÍLOGO
Un lugar más alla del tiempo y el espacio

ALMAS DE LOS DESAPARECIDOS
La pena de Isabel
es el dolor de la Argentina.
Mientras la verdad no surja, nuestras almas huérfanas quedarán en las tinieblas.
Los horrores de esos tiempos
debemos por fin confrontarlos;
y conjurarlos de nuestras vidas;
debemos resolver nuestro pasado!
Porque el mal nace de nuestro propio seno,
debemos resolver nuestro pasado!
Las almas de los desaparecidos pierden su apariencia espectral y se transforman en el Coro del Millón de Almas de Evita.

CORO
Evita, Evita, Evita.
Una mujer
Evita santa, te queremos!

CORO
Evita santa nuestra.
Patrona de los pobres.
Ha vuelto a protegernos. Ha vuelto a guiarnos,
y la llevamos en nuestros corazones.
Evita, santa nuestra.
Evita, Evita, Evita!

EVITA
Aparece radiante, jóven
Llevo en mis oídos
la música más maravillosa del mundo:
el sonido de las voces de ustedes llamándome.
Elegí el camino de ustedes, el camino del pueblo.
Peferí ser simplemente Evita para ustedes;
no la esposa del presidente.
Y a pesar de que dejé este mundo
hace mucho tiempo,
el mito de Evita lo llevan dentro para siempre.
Cuando un niño dice mi nombre,
soy la madre de todos los niños.
Cuando un compañero dice my nombre,
soy la compañera de todos los trabajadores.
Cuando una mujer dice "Evita",
soy la hermana de todas las mujeres.
Soy el sueño de justicia de la gente.
Personifico la esperanza.
Soy el gran mito de la Argentina,
por siempre jamás,
no importa cuan distinta,
no importa cuan distante.
Mientras canta la última estrofa empieza a desvanecerse su imágen. Cuando llega a la última línea todavía se la escucha, pero apenas si se la ve. Ya es sólo un recuerdo.
Mi única gloria
fué conocerlos, mi gente,
y haberlos querido.
Nadie en este mundo
los ha respetado o querido
más que yo.
Es por eso que sé
que seguiré viva en sus corazones
aún cuando me vaya.
Eva se va.

CORO
Más refulgente que el sol,
más grande que nada,
el mito de Evita vive en un millón de almas.
Guía nuestros pasos.
Somos el mito.
Evita es eterna.
Evita, Evita, Evita
Evita!!!

Telón


Written and translated into Spanish by José Luis Moscovich
Escrito y traducido al castellano por José Luis Moscovich